Claire: mi profe, mi amiga del alma
Hace
poco, mientras manejaba, me puse a pensar en cuánta gente pasa por nuestras
vidas. Y cuántas, de todas esas personas, no pasan en vano. Porque digámoslo
claro: muchas de ellas, pasan sin pena ni gloria y algunas desearíamos que no
nos hubiéramos cruzado nunca. Pero algunas cuantas, son seres que disfrutamos y
bendecimos a la vida el poder compartir pequeñas o grandes experiencias con
ellos. Una de esas personas en mi experiencia terrenal es mi amiga Claire.
Cuando
no hacía mucho tiempo que habíamos llegado a Bariloche, se me ocurrió retomar
mis estudios de Inglés. Yo empecé a estudiar ese idioma en Rosario, cuando
contaba con sólo 9 años. Aprendí las conjugaciones verbales primero en Inglés y
años después en Español. Iba a clases con una chica muy preparada
intelectualmente y que vivía a unas pocas casas de la mía. Recuerdo con mucha
alegría esas tardes en su cuartito del fondo, donde había sólo una mesa, una
cama turca y muchos posters y flyers de gente que yo no conocía: un pelado de
barba recortada y otro de barba más abundante y boina. Eran años turbulentos en la Argentina (cuáles
fueron los tranquilos??....hubieron??). De un día para el otro, tuve que dejar
de ir. Nadie me explicó y recién entrada mi adolescencia, supe que vivía en
España. Bueno, al menos zafó.
Me
encantaría hablar varios idiomas pero tengo especial preferencia por el Inglés.
Me atrae muchísimo la Historia pero mi debilidad es por la europea y sobre todo
por la inglesa. Así que mi relación con ese idioma continuó periódicamente muy
cercana. A veces, carteándome con una señora en Estados Unidos y otras,
retomando mis clases pero esta vez en la Asociación Rosarina de Cultura
Inglesa, allá en calle Buenos Aires.
Después
de tres años en Bariloche, pude hacer un ahorro para alquilar un monoambiente en
calle Morales a Beatriz, una señora que nunca olvidaré porque con la sola
garantía de mi palabra, me brindó su espacio durante muchos años, para que
pudiera pasar de dar clases particulares a domicilio, a hacerlo ahí, con más
chicos en cada hora. Cuántas anécdotas en ese pequeño lugar!! Cuánta gente pasó
por ahí!!
A
los dos años de estar alquilando el monoambiente, pagando como podía y con
Beatriz que también me aguantaba en el pago como podía, se me ocurre buscar a
algún o alguna profesor/a nativo/a para poder practicar mi Inglés nuevamente.
Primero, comienzo tomando clases con un muchacho llamado Oliver muy instruido,
de Londres con el que hablábamos mucho sobre sus viajes. Pero después de unos
meses, tuvo problemas de pareja y no pudimos continuar con las clases. Así que
comencé a buscar nuevamente y encontré que a dos cuadras de mi casa, alguien
ofrecía clases.
Conocí
a Claire y mi vida en Bariloche cambió completamente. Yo no tenía más
familiares que mi hijo aquí y tanto ella, como su hijita Luna, terminaron
siendo la relación de amistad más compacta y profunda que haya tenido en años.
Nunca olvidaré la primera cena en su cabaña. Hacía mucho frío. Su casa era
aproximadamente del mismo tamaño que la mía y preparó una lasagna con verduras.
“Con”, no “de”, porque la hizo alternando berenjenas y otras verduras. La
pasamos tan bien que no nos despegamos nunca más. Al cabo de unos
meses, ella me comentó que estaba buscando un lugar para alquilar y poder dar
clases en el centro así que le ofrecí que compartiéramos mi espacio ya que
Beatriz me había habilitado para que yo llevara a la persona que creyera
conveniente para compartir gastos.
Mi
amiga nació en Zimbabwe y vivió hasta los nueve años en ese país razón por la
cual, a pesar de sus pecas y su blonda cabellera, Junior la llama sarcásticamente
“la Negra”. Siempre fue una persona muy
viajada, desde joven. Así que, nuestros encuentros eran de meses continuados
pero mechados de algún que otro viaje. Vietnam, Singapur, Bali, Croacia y
varias veces, España, donde sus padres tienen una casa. Recuerdo el disfrute de
ver a nuestros hijos jugar como hermanos o el de prepararle mis ñoquis a Luna
(su comida preferida) pero también el de nuestras salidas a cervecerías del
pueblo, ver su cara degustando su cerveza de frambuesas o bailando
desenfrenadamente con los amigos en las fiestas que armaba en su casa. Fiestas
a la canasta, donde no faltaban las bebidas varias y los diferentes tipos de
curries que ella misma cocinaba y me enseñó a prepararlos a mí también.
Precisamente,
un 4 de Junio de 2011, se nos vino el cielo abajo. El famoso Cordón Caulle de
Chile nos recordó su presencia. Era un sábado, yo tenía parcial a la semana
siguiente, estaba estudiando cuando miro para afuera, y veo que las luces de la
calle se encendían. No entendía nada. Eran las 16,30 hs y me pareció que
comenzaba a llover. Cuando salí, me di cuenta que lo que caía no era agua, sino
piedritas muy pequeñas….después supe que se trataba de arena volcánica. Para
esa noche, habíamos organizado una fiesta en casa de Claire. Ella había hecho
tres tipos de curries y también teníamos arroz y pasta. Cuando llegué a su
casa, me cuenta que no creía que fuera nadie: ya sabíamos a esas alturas que
había habido casos en que los autos dejaban de funcionar por la arena en los
motores. Nadie salía de sus casas, más que para hacerse de alimentos y
cantidades industriales de agua mineral. A nosotras esa noche no nos faltó
comida ni bebida. Con tres cacerolas para nosotras, era más que suficiente. Yo
ya me había quedado tranquila después de saber que Junior volvía de su clase de
tenis. Pero durante la cena, no parábamos de hablar para que la pequeña Luna no
escuchara los truenos del Puyehue ni viera sus relámpagos. Como la que
antecede, tengo mil anécdotas con mi amiga. Largas charlas respecto de nuestros
hijos, confidencias de nuestras parejas que compartíamos a veces entre llantos,
salidas a la playa, ricos curries, mejores cervezas, asados en su casa o la
mía, reuniones con sus amigos. En el año 2014, mi pareja fallece de un día para
el otro. Me enteré cuando me llamó la policía para avisarme del hecho. Los que
siguieron, fueron días terriblemente tristes, de angustia y desolación. Sólo
pude reponerme por la presencia constante de mi hijo, mis amigos, mi ex marido
y mi amiga del alma. Fue ella la que me insistió con pasarme a buscar por mi
casa dos veces en la semana para hacer natación libre. Así retomé un deporte
que siempre me encantó. Y fueron ella y su hija las que me acompañaron a Chille
a esparcir las cenizas de mi querido Jorge.
Por
eso, miro para atrás y agradezco infinitamente todos los días el que los
caminos de la Negra y los míos se hayan cruzado porque nunca me cansaré de
repetir que decididamente mi vida no hubiera sido tan gratificante de no
haberla conocido.



hermosa historia !! qué te puedo decir, lo caminos de la vida siempre son interesantes. como escribió Saramago: Parecía que habíamos llegado a la curva del camino y solo era una curva abierta a otro paisaje....
ResponderEliminarTotalmente Elsa!!!! La vida es un derrotero de todos los días...
EliminarQué lindos momentos que elegiste para contarnos tu amistad con Claire! Me los imaginé todos!
ResponderEliminarY tengo muchos más que son recientes de mi viaje, Ale. No te los pierdas!!!!
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