Un día en la la Isla de Wight
Tengo una frase que hace tiempo repito y que tiene una vigencia siempre presente, al menos para mí: "Las cosas siempre pasan para algo" . Y cuando terminan de sucederse todos los eslabones de la cadena, finalmente entendemos " el hilo rojo" que corresponde a la cadena.
Dije en varias oportunidades, que soy una apasionada de la gastronomía. Y ese hobby me lleva a investigar culturas y hábitos tribales en el uso de los alimentos, comidas o bebidas; ambos alimentan. Que se entienda que cuando hablo de "hábitos tribales " es desde una mirada antropológica. Creo que por eso, es que cuando emprendo un viaje, prefiero tener contacto más cercano con las personas que no viven en grandes centros urbanos, aquellas que sostienen las costumbres del lugar a través de generaciones.
Hace un tiempo, encontré en un canal de cocina, un programa que se llama " Sabores del Reino Unido" a cargo de un chef famoso en Inglaterra llamado James Martin. Visita diferentes lugares de las distintas partes del reino, generalmente con un amigo también cocinero o cocinera. Pero uno de los capítulos que llamó mi atención, fue aquel en el que mostró la Isla de Wight, una pequeñísima isla al sur de tierras inglesas. En ese capitulo, se encargó de cocinar con productos locales de granjas del lugar. Tanto me gustó que cuando comencé a planificar mi viaje, le propuse a mi amiga el visitar la isla. No sólo aceptó mi propuesta sino que se comunicó con una amiga suya, G.G es una de esas personas que conoce desde pequeñas y parece que desde que habló del tema con ella, quedó encantada con la idea de nuestra visita a su casa en Lymington, una ciudad queda justo enfrentede la isla, isla a la que se accede en ferry.
La misma noche en que llegué a Heathrow, salimos con Claire en su coche para Lymington que queda aproximadamente a unas dos horas de Londres. Al otro día, pude conocer mejor a la encantadora persona que es G y charlar de su vida y de la mía, de lo que le gusta cocinar y que estaba muy entusiasmada con la idea de volver a visitar la isla, cosa que no hacía desde bastante tiempo. Claire programó la salida para el sábado siguiente, coincidentemente con el día de la coronación del rey Carlos III.
Salimos temprano después de nuestro té y a las 11 de la mañana, en medio de una lluvia torrencial, salió nuestro ferry para la isla. La idea era tratar de recorrela entera, yendo por la ruta que la bordea. Claire había tenido la oportunidad de recorrela en bicicleta hace un tiempo y había visto un pequeño restaurante al que le quedaron ganas de visitar. Así que pensando que este el momento indicado, reservó una mesa para tres para las 2 de la tarde. Pero hasta esa hora, la intención era conocer los paisajes, acantilados, arquitectura y costumbres del lugar. Pasábamos de un poblado a otro en menos de 7 o10 km distancia entre cada uno. Iglesias y capillas muy antiguas, casas típicas de techos bajos y ventanas de madera adornadas con flores, jardines very british y hasta al arcenes que databa de 1865.
En honor a la verdad, desde que toqué suelo inglés, no sé oía hablar de otra cosa que no fuera la coronación. Ni mi amiga ni la suya son como dicen ellas,"royalties "( afectas a la realeza) pero en las calles y los negocios, no se veían más que decorados para la ocasión. Las tres no hacíamos más que chistes al respecto y, sabiendo de mi posición sobre las monarquías modernas y el sostenimiento de ellas por parte de sus súbditos en pleno siglo XXI, me cargaban preguntándome si en realidad, no había ido a Reino Unido por la coronación. Ésta estaba programada para el mediodía. Entrando en una de esas villas, Claire comentó que tenía ganas de tomar un café así que buscó una pequeña casa de té abierta. Al entrar, vimos que había una tele encendida y algunos clientes prendidos a ella. Pero grande e hilarante fue la sorpresa cuando en el momento justo de atravesar la puerta de entrada, vimos al arzobispo colocando la corona sobre la testa real!!!! Obviamente no paramos de reírnos de nuestro sentido de la oportunidad, sobre todo cuando millones de personas se pasaron horas esperando ese momento y nosotros no tuvimos que hacer nada más que elegir una confitería y abrir la puerta. Pero ahí no termina el "hilo rojo".
Exactamente a las 14hs, con puntualidad local, llegamos al restaurante donde mi amiga había reservado. Pequeño, ubicado en una marina super prolija, sin olor a pescado, el lugar estaba repleto de parejas y familias con muy buena onda. Las tres pedimos lo mismo: sandwich de cangrejo que venía con hojas verdes y papas fritas. Comimos, disfrutamos de la lluvia exterior, reímos con la coronación y que el arzobispo "nos haya esperado" y llegó la hora de irnos. G no paraba de agradecerme mi idea de conocer la isla porque eso había provocado que ellas volvieran. Casi antes de retirarnos, Claire visitó el baño y al volver a la mesa, lo hizo riéndose entre dientes, polo que había encontrado en una de las paredes al lado de la caja: una reseña con excelentes opiniones sobre el lugar y sus productos. Pero a quién pertenecía el informe? Nada más ni nada menos que a James Martin!!!! Se cerraba la cadena del hilo rojo. Las cosas siempre pasan por y para algo. Un simple documental gastronómico fue el detonante de uno de los días más imborrables de este maravilloso viaje.





yo creo exactamente lo mismo, siempre hay una razón para todo
ResponderEliminarAsí es, Elsa.....las cosas siempre pasan por algo....
ResponderEliminar