Un mundo salido de Hogwarts

 Si hay algo que nos diferencia de los animales es la capacidad que tenemos para tener sueños, anhelos, metas a alcanzar en la vida. Y como todos, yo también tenía y sigo teniendo los míos. Algunos los pude cumplir, otros dudo que pueda realizarlos alguna vez y otros, gracias a mi empeño, seguramente alguna vez llegaré a concretarlos. Buenas notas en el colegio, vivir en Bariloche, que mi hijo se críe en un entorno natural, conocer Grecia. son algunos de los realizados. Ser cantante de jazz y tango, dudo que alguna vez llegue, al menos en esta vida. Y visitar la tierra siciliana de mis abuelos o tener un auto que no me deje pata, serán mis próximas zanahorias.

Uno que acabo de cumplir, que además fue mitad promesa a mi amiga Claire, fue conocer el Reino Unido, estando con ella en su propio país. Y digo Reino Unido porque si bien me fascinaba el encontrarme con esos interminables campos verdes, también deseaba conocer Escocia, su gente, sus mitos y su historia de lucha por la independencia. Irlanda y Gales, tendrán que quedar para otro momento. Así que, apenas me hice de los pasajes "largos" el año pasado, me puse en campaña para organizar alguna pequeña incursión por aquellos lares. Después de sopesar varias opciones, decidí hacer base en Edimburgh y realizar tres excursiones. La primera sería a dos destilerías de whisky muy reconocidas en el ambiente. La segunda, me llevaría a conocer algunos lugares históricos donde se hicieron filmaciones de la serie Outlander y la tercera, sería un servicio de té en un colectivo mientras se realizaría un city tour por la ciudad. Reservé una habitación en una casa de huéspedes que la encontré a muy bajo precio así que no estaba muy segura con lo que me iba a encontrar. Charlando con mi amiga, convinimos que lo mejor sería ir en avión hasta Edimburgh y volver con micro, de manera de conocer, al menos desde arriba de un colectivo, algunas otras ciudades de Inglaterra. Pero las distancias en el Google map, no se condicen exactamente con las reales en esta ciudad de fantasía. Efectivamente, apenas tomar el transporte que te lleva del aeropuerto al centro de la ciudad, me maravillé con este lugar de cuentos de hadas. Su arquitectura georgiana en la parte nueva y victoriana en la vieja, daba la sensación de ser envuelta en escenas de Harry Potter o El señor de los anillos. Iglesias con fachadas infinitas, casas en serie con pequeñas escaleras, pubs de techos bajos. Tuve que caminar con valija y mochila muchas cuadras hasta llegar a mi alojamiento y eso realmente me cansó de tal manera que ese lunes me quedé a descansar por el resto del día. La habitación era perfecta: cama super cómoda de una plaza, televisor, pava eléctrica, galletas, café, té y leche, un sillón y una ventana kilométrica que daba al jardín interno. La administradora, muy amablemente me ayudó aconsejándome manejarme en la ciudad con Uber y así lo hice los cuatro días. 

La primera excursión fue realmente excelente con un coordinador muy simpático y preparado con quien también tuve mi tiempo para charlar de política escocesa. Degustamos whiskies de alta gama y paseamos por las tierras altas de ese país maravilloso al son de música escocesa seleccionada. Un dato: las bebidas nos las presentaron con trocitos de chocolate porque dicen que se realzan los sabores. Otra rareza: cuando estábamos degustando los terrosos whiskies de Glenturret, vimos cómo paseaba un gato entre medio de los alambiques. Nos dijeron que el gato les hace el favor de mantener a raya a los pequeños roedores que se ven cada tanto, lo cual es lógico: como en todas las destilerías, se maneja muchísima cebada. Pero ahí nomás, también nos mostraron la escultura que le realizaron a Towser, el gato que tuvieron desde 1963 hasta 1987 y que terminó siendo récord Guinnes en captura, con más de 28000 víctimas en su haber. 

 La segunda excursión ya no fue tan cómoda. Primero que llegaron más tarde de lo acordado al punto de recogida. Era a las 9  de la mañana, había viento y hacía mucho frío. Las explicaciones de las visitas fueron muy buenas pero al mediodía, nos dijeron que nos daban tiempo de almorzar fuera de uno de los castillos que no tenía comodidades para sentarse y tuve que comer afuera, debajo de un árbol porque lloviznaba y contentarme con alimentos fríos. Y cuando ya eran como las 5 de la tarde, le pedí a la coordinadora si podía no hacer la caminata y quedarme en la van a lo que me respondió que no podía dejarme sola dentro del transporte, por lo que esperé a que terminaran con la caminata sentada en una pequeña plaza soportando viento y cielo nublado. Al volver a la ciudad, mi necesidad de algo caliente en mi sistema digestivo estaba en zona roja así que primero entré a un pub donde encontré a un escocés de ley (vestido para alguna ocasión especial) y como no estaba abierta la cocina, luego entré a un resto de comida italiana donde degusté una excelente pasta. Después de felicitar al chef, pedí mi Uber y llegué a la casona.

Apenas puse un pie en la habitación, sentí que me daba vueltas todo. Ahí comenzó la tos y el resfrío que perduraría hasta después de tres semanas. Sentía dolor y cansancio extremo en todo mi cuerpo. Tenía a mano "mi propia farmacia", así que tomé un café con leche bien caliente con Ibuprofeno y me metí a la cama muy temprano. Me quedé profundamente dormida en poco tiempo y desperté como a la medianoche, un poco más recuperada. Volví a dormirme, sopesando con autosinceridad, en la conveniencia de realizar el último tour en esa fantástica ciudad: la del city tour con servicio de té. Al otro día, me sentía mucho mejor pero no como para otra movida de excursión así que me levanté recién al mediodía, fui a una farmacia que estaba a la vuelta, compré un jarabe para mi tos, entré en un almacén muy bien provisto y me hice de un yogurth natural para merendar y de dos tipos de ensaladas diferentes para la cena. Me puso muy triste no poder concretar el té con recorrida por la ciudad pero también debía pensar en que al otro día me esperaba un viaje de 10 horas en micro.

Así fue como volviendo, pude conocer las zonas céntricas de varias ciudades como Newcastle, Durham, Leeds (donde paramos con el tiempo justo para tomar un café), Birmingham y finalmente Bristol. Una anécdota: cuando estábamos por llegar, después de 10 horas viajando, el chofer hace una parada que por alguna razón, me pareció no era la última. Entonces me acerqué y se lo pregunté y por toda respuesta, se levantó y con potente voz, nos dijo a todos que deberíamos esperar unos 20 minutos, sin dar ninguna razón. Le pregunté a mi compañero de viaje -un muchacho que tendría la edad de Junior- y me dijo que no tenía idea de lo que estaba ocurriendo. Así que me acerqué a otras dos chicas buscando respuesta y finalmente me dijeron que como había manejado determinada cantidad de horas, le correspondía descansar esos 20 minutos. De nada sirvieron las malas caras de todos los pasajeros. Algunos llamaron a sus familiares, otros pidieron un Uber y yo, llamé a Claire que me estaba esperando en la última parada. Ella me preguntaba dónde estaba para ir a buscarme pero yo no tenía idea. Así que, a la hora que volvió a salir, me subí y seguimos viaje. Pensé que nos faltaría al menos otra hora de viaje y grande fue mi sorpresa cuando llegamos a los 10 minutos!!!

En definitiva, un viajecito espectacular a esa ciudad encantada y esas tierras que, aunque me dejaron una huella profunda de resfrío y tos, dejaron otra más profunda de placer por haber concretado uno de los tantos sueños de mi vida.









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