Un país con mil paisajes posibles-Parte I
Cuando comencé a planificar mi viaje el año pasado tenía claro que, si iba a poder estar en Europa durante casi un mes, había un lugar que no quería dejar de visitar por segunda vez: Grecia. Es cielo limpio con aguas de mar aún más azules que el cielo, playas infinitas, restos arqueológicos contenedores de tanta Historia, gastronomía simple y exquisita, todo componía un combo fundamental para no pasarlo por alto. Y esta vez, tanto mejor si podía disfrutarlo en compañía de mi amiga. Por eso, una de las primeras decisiones, fue preguntarle a Claire si podría venir conmigo, ya que ella trabaja como instructora de natación en un gimnasio importante de la ciudad de Taunton, donde vive con su hija Luna. No sólo me dijo que sí sino que me armó un posible calendario de todo ese mes de Mayo, en el que se detallaban los días en que podía ir a Escocia, los que estaría en Sicilia, las fechas en que me quedaría en su casa y las cuatro noches que podríamos estar en Grecia. Convinimos en buscar un lugar de los más económicos y ella, que es la que conoce más de viajes, propuso la isla de Corfú. Es una de las más grandes y está muy cerca de la parte continental.
Empecé entonces a organizar el alojamiento y algún tour ya que ella se encargaría de conseguir vuelos baratos. Parece muy loco pero si yo quería ir a Sicilia, que es una isla en medio del Mediterráneo desde Corfú, me saldría mucho más caro que si volvía a Inglaterra y salía nuevamente desde Bristol. Cosas que no se entienden. Primeramente, busqué algún lugar donde parar y encontré un pequeño apartamento con cocina, heladera, dos camas y un balcón cuya vista dejé plasmada a la vuelta del viaje, en un vinilo panorámico que ahora disfruto cada vez que me despierto. Nuestra base estaría en Moraitika, una playa de la isla que dista 14 km de la capital. Salimos de noche de Bristol y deberíamos llegar a las 23,30hs pero cuando estábamos por aterrizar, no tocamos la pista porque inmediatamente levantó vuelo. Al principio nos pareció raro pero cuando el piloto realizó esta maniobra cuatro veces, nos empezamos a impacientar y mucho más, cuando nos dijeron que era porque había mucho viento y debían hacerlo por seguridad. Finalmente, aterrizamos y el viento, nunca lo vimos.
Olvidé comentar que Claire se hizo cargo de reservar un auto con anticipación. Estábamos muy entusiasmadas porque el precio de esa reserva era muy conveniente pero....el entusiasmo terminó cuando el hombre de la agencia del alquiler, nos llevó hasta él. Se trataba de un Fiat Panda viejo que nos indicó que teníamos menos de la mitad del tanque cuando nos lo entregaron pero que al otro día, teníamos más de la mitad, como por arte de magia. Los cambios de marcha eran objetivos de difícil factura, sobre todo cuando Claire se quedaba con la palanca en la mano y continuábamos viaje cuando la volvía a colocar. Cuando mi amiga le preguntó si funcionaba bien el auto, este señor hizo una afirmación que fue motivo de nuestras risas durante el resto de los días: "Es una Ferrari!!!!" Llegamos a la oficina, yo sacaba fotos de la "Ferrari" hasta de su caño de escape mientras Claire firmaba el contrato. Era ya muy tarde y estábamos cansadas, por lo que en ese momento, algo me pareció raro de esa oficina pero la verdad es que necesitaba con urgencia algo de comida y una cama. Así que tomamos nuestro auto y nos dirigimos hacia Moraitika pero en el camino, la suerte nos bendijo con un autoservicio abierto, donde compramos sencillas exquisiteces: yogur griego, queso feta, tapenade de aceitunas negras, miel, pan, tomate, vino blanco para mí y cerveza para mi amiga. Al llegar, no lo dudamos: nos sentamos en el balcón y disfrutamos el pan con tapenade, tomate, el feta y una brisa que nos acarició el alma.
Al otro día, decidimos ir directamente al centro de Corfú, después de tomarnos un soñado desayuno: yogur griego con miel, café con leche y rodaja de pan. Íbamos por la ruta, ahora sí conociendo las paradas de las distintas playas a lo largo de los 14km porque el día anterior, no pudimos ver mucho por la noche. Casas que evidentemente fueron compradas por extranjeros, remodeladas a nuevo, con costa de mar o en las laderas cercanas, ruta repleta de mercados, negocios turísticos, una marina espectacular llena de veleros, botes grandes, etc. La capital de Corfú, del mismo nombre, se encuentra en una gran bahía de aguas profundamente azules. Siguiendo nuestro recorrido y mirando hacia el mar, algo me llamó la atención. Divisé una explanada en medio del mar que supuse un muelle pero las dimensiones del ancho no terminaron de convencer a mi cerebro y a medida que avanzamos, la distancia en largo de ese "super muelle", tampoco. Le hice notar a Claire lo que veía por mi ventanilla y ella tampoco entendía semejante pontón. Pero a los minutos que seguíamos viendo, enorme fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta que se trataba nada más ni nada menos que de la pista de aterrizaje del aeropuerto!!!! Sí!!!!, la pista aquella hacia la que nuestro piloto intentó orientar la noche anterior, en cuatro oportunidades, estaba rodeada de agua!!! Yo tengo una exigua experiencia en viajes al exterior pero mi amiga viaja habitualmente. Jamás le pasó algo semejante: primero, cuatro intentos de aterrizaje y luego, saber que la pista se encontraba en medio del agua de la bahía.
Pero estas solamente cuatro noches en Corfú, nos depararían no solamente más sorpresas que las detallaré en la segunda parte, sino momentos de gozo y deleite que dejaron nuestro interior, con un sello imborrable de felicidad, satisfacciones y bienestar en el cuerpo y también en el alma.




qué lindo es tener una amiga así, que te acompañe en tantas aventuras!!!
ResponderEliminarEs un regalo de la vida....
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