Un país con mil paisajes posibles-Parte III

 Y se va la última!!! La última de este país maravilloso que nos dejó tantas anécdotas. Y en mi anterior entrada, había quedado justo en la noche que volvíamos de visitas a varios pueblitos dentro de la isla sobre todo, de aquellos que se afincaban al sur. Para ese momento, mi ojo derecho estaba ya completamente cerrado, pareciéndome  a una boxeadora que había peleado por el título mundial, más que a una simple turista argentina. Debido a mis medicaciones, sobrellevo varios efectos secundarios: resequedad extrema en la planta de mis pies y la palma de mis manos y sequedad en mis ojos, por lo que lagrimeo continuamente. Así que a todos lados, siempre llevo las cremas necesarias y mis gotas para los ojos. Por ello, apenas llegamos decidí ponerme esas gotas para ver si podía ver mejor para cocinar. Por suerte, a la media hora, podía ver con los dos ojos. Pero a la mañana siguiente, desperté igual o peor. De todos modos, después del desayuno, salimos muy temprano para el puerto de Corfú. Cuando llegamos nos encontramos con una señora que tenía varios papeles en las manos así presumí que se trataba de alguna coordinadora. Y efectivamente, cuando le mostré nuestra reserva, nos dijo que la debíamos seguir porque era con su empresa con la que había contratado. Así que nos subimos a una especie de catamarán que nos llevó, después de pasar por aduana, a la ciudad de Saranda en Albania. Allí nos estaba esperando un colectivo que nos alcanzó hasta el lugar donde haríamos la primera excursión: una locación tan antigua que fue habitada por los romanos del imperio, fenicios y musulmanes. La verdad es que daba cierto asombro y emoción el pisar esos lugares con tanto para contar. Pero justo antes de poder hacer el recorrido, alguien llama por teléfono a la coordinadora y ahí nomás, escuchamos que pronuncia nuestros nombres. Al acercarnos, nos dice que en realidad ellos no son la empresa con la que contratamos y que entonces debíamos esperar a personal de la otra empresa. Al cabo de media hora aproximadamente, llegó el colectivo con el otro contingente y rápidamente encontramos a la otra coordinado que causalmente se llamaba Panagiotas!!!!!! Sí!!!, el mismo apellido que el mío. Nos trataron muy amablemente y, según ella, la otra compañía suele hacer estas cosas para que los pasajeros den más tarde un review negativo a la empresa que contraté yo. Cosas de la competencia capitalista...

El almuerzo estaba incluido en nuestro tour así que de los restos arqueológicos nos llevaron a un restaurant que tenía una vista espectacular al mar y donde pudimos degustar exquisitos platos con la modalidad de libre tenedor. Para llegar al restaurant, teníamos que subir una escalera que para mi cansancio y mis pies, era larguísima. Y justo antes de subirla, me fijé que, pegado al edificio, había una farmacia. Como mis ojos no evolucionaban como quería, al terminar de almorzar, le comenté a Claire mi decisión de comprarme algunas gotas que que sirvieran específicamente para la conjuntivitis. Mi amiga, siempre tan buena compañera, se ofreció para ir a esa farmacia que ya había visto ella también y me las compró. Con las gotas puestas, no tarde más de media hora en la que pude comenzar a ver mucho mejor.

Ya el último día en Corfú, había decidido quedarme en el departamento para descansar, disfrutar de la maravillosa vista al mar y comenzar a escribir una de las entradas del blog. Claire, quería disfrutar a pleno del día yendo a alguna playa así que se montó en la "Ferrari" y se dirigió a varias localidades con costa. En una de ellas, encontró un lugar super tranquilo donde pudo dormirse una apacible siesta. Cuando llegó, me preguntó si seguía con la idea de ir a un lugar que tenía una marina. por donde habíamos pasado siempre. Le dije que fuéramos a cualquier lugar pero ella me comentó que había conocido un lugar impresionantemente hermoso, a sólo centímetros del mar. Obviamente, le dije que enfiláramos para allá, con la seguridad que mi amiga tiene ojo clínico para los mejores lugares. La idea era bañarnos, preparar las valijas, dejar el departamento, salir a cenar temprano y luego ir a dejar el auto en la agencia, antes de ir al aeropuerto. A más tardar a las 21hs teníamos que estar esperando nuestro vuelo. Apenas Claire tomó por una callejuela bien angosta, como todas en Corfú y dio una vuelta para dejar ver el restaurant elegido, quedé asombrada: la postal del restaurant pegado al mar era exactamente igual a una acuarela que había comprado el día que hicimos visita al centro!! Demás está decir que pasamos una noche soñada: nos dimos el gusto de comer el mejor pulpo que haya probado, con el mar a 1m de la mesa y por si fuera poco, acompañadas de un grupo de cantantes que se acercaron para cantarle a mi amiga. Mientras, el sol se despedía lentamente, de ese día maravilloso y nosotras de esa sorprendente isla. Lo dicho: soñado....soñado e imborrable de mi memoria.

Cuando terminamos de cenar y sacarnos fotos, nos dispusimos en llegar a la capital para entregar la "Ferrari". Llegamos al lugar y vimos que el señor que nos había recibido cuatro días antes, no era el mismo que estaba atendiendo en ese momento y que además, estaba ocupado con una señora y su joven hija. En la vereda, estaba estacionado el auto de las nuevas clientas: un super auto japonés, de los más nuevos, por el cual no debieron haber pagado lo mismo que nosotras, seguramente. Yo me quedé afuera, cuidando de las valijas cuando veo a mi amiga que, con vaso de vino blanco en la mano, me hace señas que entre. Yo no lo podía creer. Qué hacía ella en la agencia de autos tomando vino blanco? Entonces entré para obtener una explicación razonable a lo que veía. Pero la respuesta que obtuve, creo haberme sentido en medio de una película de Almodóvar. No sé si el/la  lector/a recuerda que cuando llegamos aquella noche, tan tarde y tan cansadas, yo creía haber visto algo fuera de lo común a lo que no le di importancia, justamente debido a nuestra extrema fatiga. Pues bien, lo que yo había dejado de lado aquella noche era ni más ni menos una barra con taburetes para sentarte, con copas y con todas las bebidas que uno se imaginaría pero no ahí, sino en un boliche. El dueño, al ver que se retrasaba nuestra entrega por atender a las otras clientas, nos ofrecía lo que quisiéramos tomar, ahí mismo!!, dentro de la agencia. Tenía Aperol, jugos, whisky, vinos, etc. Y como haría exactamente cualquier personaje del director español, obviamente, yo también terminé con otra copa de vino blanco en la mano, antes de la entrega del auto.

Y así, finalmente llegamos al aeropuerto, saliendo bastante tarde, llegando aún más tarde a Bristol, buscando el auto de Claire en el estacionamiento que lo dejamos y tomando la carretera que nos llevaría nuevamente a Taunton. Llegamos muy cansadas pero aún recuerdo los ecos de nuestras carcajadas al rememorar nuestra última copa de vino en Grecia y nuestra satisfacción interior por no haber desperdiciado ni un minuto de ese extraordinario viaje que llevó a dos entrañables amigas, una zimbawense/inglesa y la otra argentina, que se conocieron en un poblado entre montañas en el fin del mundo y que no perdieron la enorme oportunidad de vivir uno de los mejores momentos en la vida de cada una.

Gracias por todo, amiga!!!! Y hasta la próxima aventura juntas....












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